Esposa de Caro Quintero era de Matachi, tuvieron un hijo.

Publicado el: 17 de Agosto del 2016 a las 08:11 am . Por mizaelmiranda

Diana Espinoza Aguilar, de 45 años, originaria de Matachi, Chihuahua, es dueña de una figura que, por donde camina, atrae las miradas. Pero desde mayo atrajo una que le quita el sueño: el Departamento del Tesoro de Estados Unidos dio a conocer su nombre y su rostro, y la acusó de haber sido narcotraficante y de facilitar de manera ilegal recursos económicos a su pareja sentimental, Rafael Caro Quintero, uno de los más buscados por la DEA.

En entrevista con Proceso, Espinoza –pareja de Caro Quintero desde hace seis años– habla por primera vez de su relación con El Príncipe. También explica la estrategia legal que éste sigue para dejar de ser fugitivo y responde a las acusaciones de lavado de dinero.

“Soy inocente, no tengo absolutamente nada que ver con lo que están diciendo los medios de comunicación: que soy narcotraficante, lavadora de dinero de Rafael Caro Quintero… soy su esposa, soy la mamá de su hijo”, afirma.

Aunque Washington lo acusa de haber vuelto al narcotráfico tras su liberación, en agosto de 2013, Espinoza asegura que Caro Quintero ya no se dedica a eso y que ella fue testigo de su transformación en prisión.

Afirma que los gobiernos de México y de Estados Unidos han orquestado una “campaña” contra él para hacerlo ver mal ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la cual desde mayo analiza si es legal o no la solicitud de extradición hecha por Washington contra El Príncipe por el secuestro y homicidio del agente de la DEA Enrique Camarena, ocurrido en 1985 en Guadalajara.

“No está de narcotraficante, puedo meter mis manos al fuego que no está de narcotraficante… sería ilógico que se esté defendiendo con abogados, que esté amparándose para terminar este proceso apegado a derecho y que esté de narcotraficante… eso no es posible, sería una incongruencia total.”

Diana conoció a Caro Quintero en la cárcel de Puente Grande, Jalisco, cuando ella estuvo presa ahí, acusada de delincuencia organizada. Y aunque su vida pareciera la típica historia de “la reina de belleza y el capo”, en realidad está lejos de serlo.

Ella viene de una familia conservadora de clase media dedicada al comercio de madera, que en principio no estaba de acuerdo en su relación con quien fuera un temido capo en los ochenta.

La pesadilla de Diana Espinoza comenzó en agosto de 2008, cuando en la Calzada de Tlalpan, en la salida a Cuernavaca, dos autos le cerraron el paso al vehículo en el que viajaban ella y su entonces pareja, el narcotraficante colombiano Ever Villafañe.

“Mi expareja tenía una orden de extradición y una orden de aprehensión. Iban por él. Creo que me llevaron a mí para lastimarlo de alguna forma a él y poder obtener información, supongo”, cuenta.

La torturaron toda la noche. No fue sino hasta el día siguiente cuando la presentaron ante el Ministerio Público, acusada de delincuencia organizada en su modalidad de “operaciones con recursos de procedencia ilícita” y posesión de arma de fuego. De acuerdo con la sentencia absolutoria dictada por el Tercer Tribunal Unitario del Tercer Circuito el 18 de agosto de 2011, nunca fue acusada de tráfico de drogas.

Fue recluida en el penal femenil en Puente Grande, Jalisco; en el mismo lugar, pero en el reclusorio masculino, estaba Caro Quintero. Quien los presentó fue la conductora grupera Ely Castro, del programa Qué quiere la banda, de Televisa.

Establecieron comunicación pero no fue sino hasta 2011 cuando ella fue absuelta de todos los cargos y se ordenó su libertad.

“Salgo de prisión y voy a visitarlo. Ahí empezamos. Decidimos tener un hijo y pues… nace nuestro hijo, fruto del amor; y, bueno, con planes de formar una familia, con planes de que cuando él cumpliera su tiempo en la cárcel estar juntos y poder ver crecer a nuestro hijo.”

–¿Para usted quién es Rafael Caro Quintero?

–Es un caballero, es un señor, educado, ha trabajado mucho con ello, ha trabajado para educarse, para ser un ser humano con principios, para formarse mejor, para encontrarse con su familia diferente. Yo no conocí al Rafael anterior.

No lo conocí. Yo conozco solamente al señor actual, que es un señor educado, formal, caballero, que llora por sus hijos, que anhela estar con ellos, que anhela tener un hogar, que anhela ver crecer a sus nietos, ver crecer a su hijo.

–Es difícil pensar que un hombre como él pueda cambiar…

–¡No, no es difícil! Después de estar 28 años en la cárcel no es difícil cambiar. Tuvo todo el tiempo para recapacitar, para arrepentirse de sus errores… –¿Usted vio esa conversión? –Yo la vi.

Yo la vi antes de salir de prisión.

Diana Espinoza informa que desde el pasado mayo la SCJN tiene otra vez en sus manos resolver la solicitud de extradición de Caro Quintero a Estados Unidos. En 2014 había rechazado analizar el amparo 199/2014 de Caro Quintero, interpuesto en 2013, y lo devolvió a un Tribunal Colegiado; pero en mayo pasado éste regresó el amparo en revisión a la Corte, que deberá resolverlo.

Proceso pudo corroborar esa información y que en la SCJN el proceso se está llevando con confidencialidad.

–Y respecto a estos años de sentencia que se supone que no terminó de cumplir, ¿cuál es el estatus?

–Le dieron la sentencia, la máxima, que es por 40 años y esto lleva unos beneficios; los abogados están peleando eso, están promoviendo un amparo para lo de sus beneficios.

–El gobierno de Estados Unidos dice que a través de usted supuestamente Rafael Caro Quintero maneja sus activos, es decir dinero, cuentas bancarias, empresas. Que es a través de usted, como si usted fuera una especie de prestanombres.

–Sí lo vi, pero ¡es imposible! No me veo con él. ¿Cómo podría yo estar manejando su trabajo? Se nos han derrumbado todos nuestros proyectos de hacer una vida juntos, con nuestro hijo… se ha ido para abajo porque no podemos lograrlo por esta situación.

–¿Por qué el gobierno de Estados Unidos la culpa?

–No sé qué tipo de informantes tienen, o testigos protegidos o no sé qué es lo que está pasando, que están dando estas declaraciones; me dedico única y exclusivamente a mis hijos y a mi casa.

–¿Tiene miedo?

–¿En México? Sí tengo miedo de que me puedan hacer una trampa, como ya lo hicieron la vez pasada…

–¿El gobierno de México tiene cargos contra usted? ¿La investiga? ¿Le ha congelado cuentas a raíz de esto?

–Yo en México no tengo ningún problema con la justicia.

–No lo puede ver, ¿cómo se vive, como pareja, con una persona en esa circunstancia?, ¿cómo vive usted?

–Es una situación triste porque mis hijos han crecido solos y ahora otra vez… perdón… –rompe en llanto–. No quisiera que mi hijo creciera sin padre. Me gustaría que se apegaran a derecho, que se respetaran los derechos humanos; pensamos interponer una queja ante la Corte Internacional Interamericana (se refiere a la CIDH). –¿Por qué decidió dar esta entrevista? –Porque quiero aclarar mi situación. Soy inocente, no tengo absolutamente nada qué ver con lo que están diciendo los medios de comunicación, que soy narcotraficante, lavadora de dinero de Rafael Caro Quintero. Soy su esposa, soy la mamá de su hijo.

–¿Por qué se mantiene a su lado? ¿Por qué sigue al lado de Rafael Caro Quintero en esta circunstancia tan compleja?

–Porque lo amo, porque merece una oportunidad, porque sé que es un ser humano que necesita una oportunidad de ver a sus nietos, a sus hijos y ver crecer a su hijo. Lo he visto llorar. No quiere saber nada del narcotráfico, nada, la gente que realmente lo conoce lo sabe…